miércoles, 22 de octubre de 2014

El derecho a la protesta, un caso empírico.

     ¿Qué mejor momento para hablar sobre este derecho humano que hoy? Día en el que la Facultad de Derecho de la UNAM y la Unidad de Estudios de Posgrado en Derecho de la UNAM, entre muchas otras dependencias, cerraron sus puertas como protesta por los recientes atropellos realizados a estudiantes en el municipio de Tixtla en Guerrero, y más específicamente en la comunidad de Ayotzinapa.

     Siguiendo con la tesis pragmática en la cual sólo un derecho tiene la cualidad de humano si es oponible contra el Estado, el derecho a la protesta será un derecho humano si la protesta es contra el Estado, y como en este caso la protesta es contra las autoridades locales y federales, culpables por permitir el hecho, culpables por no indagar adecuadamente, culpables por ocultar información, y cuantas culpabilidades se les reproche es aceptable señalar que los estudiantes y profesores de la UNAM están ejerciendo su derecho humano a la protesta.

      ADVERTENCIA: Durante el resto de la entrada jugaré al abogado del diablo, solamente buscaré razones para desestimar los principales argumentos esgrimidos por los estudiantes. Mi opinión sobre el paro no estará expresada en la entrada, les suplico a los lectores no lo tomen como personal contra su causa (ya sea a favor o en contra). Gracias.

      Respecto de la Facultad de Derecho, existieron 2373 estudiantes a favor del paro y 1404 en contra del paro (siendo más de 10,000 estudiantes en activo) y las opiniones de unos frente a otros no se hicieron esperar, me gustaría analizar de manera muy somera algunos comentarios, algunos nada corteses sobre el asunto.

     Primero aquellos que opinan sobre los que no votaron y estaban en contra del paro: "Tuviste la oportunidad de expresarte" "Pudiste votar en contra y no lo hiciste" "¿no te enteraste? No te importa lo que pasa en la Universidad, entonces no te quejes".

     La primera regla que es la de la tolerancia y el respeto a las ideas se rompe en este punto (tampoco se respeta por muchos de las demás partes), pero dejemos eso en un segundo plano. De manera "natural", los días 22 y 23 de octubre son días hábiles en donde las clases se deberían de impartir, no obstante, por el acuerdo entre un grupo NO representativo de alumnos, se decidió el lunes que el martes 21 de octubre se votaría sobre el paro o no de labores en la Facultad. Cientos de alumnos, miles, llegan corriendo del trabajo (o salen corriendo al mismo) y su vida en la Facultad transcurre dentro de las aulas, en clases, y no en los pasillos. No enterarse de algo gestado de lunes para martes era muy probable, no se le puede acusar de desinterés cuando las cosas se hacen con tanta premura.
     ¿Qué legitima a estos alumnos? ¿El simple hecho de ser alumnos? En ese caso era factible hacer tantas asambleas como alumnos hay en la Facultad, obviamente la legitimidad radica en que otros vean en ese grupo como algo con la autoridad para tomar las decisiones, no el fin, ese será el elemento decisivo para votar en cierto sentido pero no para reconocerle autoridad al grupo, por lo tanto, el grupo solo tendrá legitimidad desde adentro y no desde fuera.
     Si un alumno de la Facultad no reconoce en ese grupo la legitimidad suficiente para decidir sobre el cierre de la institución, no acudirá a votar, pues el hacerlo implicaría reconocerles la legitimidad que no reconoce. Dado que los comentarios señalados arriba era hacia alumnos en contra del paro, estos estudiantes estaban entre Escila y Caribdis, entre reconocer de mala gana que estos alumnos tienen legitimidad y votar en contra del paro para tener clases o sufrir por el paro pero manteniendo el desconocimiento del movimiento.
     ¿Y que hay de aquellos que, como ya señalé arriba, tan pronto terminan sus clases tienen que salir directo a sus trabajos? Aunque hayan querido votar, las circunstancias no se lo permitieron.

     En segundo lugar, están los comentarios hacia los que votaron en contra: "Muy mal por aquellos que se opongan al paro" "¿Qué no ven que es la única forma de que se nos tome en cuenta?" "¡No les importa lo que ocurrió en Ayotzinapa!" "Tú ni vas a clases, ¿de qué te quejas?".

     Empecemos por el último, el cual es una auténtica falacia ad personam, la cual no niega propiamente lo dicho por la persona, sino la incongruencia que existe entre lo dicho y quien lo dice. Más allá del aspecto valorativo que cada parte tenga al respecto, es un hecho que el paro implica el cese de las clases por dos días (una clase por materia), por lo que independientemente de que se trate del mayor faltista de la historia de la Facultad, su dicho no deja de ser cierto por que lo haya dicho él en lugar de otro estudiante.
      Sin querer hablar por otros, dado que no me consta, no se desprende que por votar en contra del paro se esté per se en contra de los 43 desaparecidos en Guerrero. Estrictamente, los 1404 alumnos están en contra de una cosa, no de la otra. No niego que puedan existir quienes lo estén, pero también es posible que se crea que el medio sugerido (el cierre de la Facultad) no contribuirá al fin, que es preferible que dentro de las aulas se expongan las ideas y se hable del tema, que es mejor una marcha, etc, medios de manifestación hay cientos, lo que muchos alumnos sugirieron era que haciendo el paro no se iba a lograr, ni contribuir siquiera, al fin.
      Finalmente el primero, un pensamiento basado en la dualidad, en blancos y negros, en a favor y en contra, en amigos o enemigos. Evidentemente la causa que orilló a pensar en un paro era y es noble, loable y digna de acción, pero, como ya se ha mencionado, que no se esté a favor del medio, no implica que se esté en contra del fin, No porque el fin sea bueno, el medio también goza de esa cualidad, por lo que aquellos que se opusieron al paro, se estaban oponiendo al bien y por tanto hacen el mal.

      En tercer lugar se pueden leer en redes sociales los comentarios de aquellos que estaban en contra del paro (votantes o no) hacia aquellos que sí lo estaban: "Tengo el derecho de ir a clases", "Son una bola de vagos que nada más quieren faltar a clases", "Falten ustedes si quieren, no cierren la Facultad" y "La mejor manera de honrar a estudiantes es teniendo clase".

      Es verdad, los alumnos tienen el derecho de acudir a clases, incluso los faltistas tienen la posibilidad de decidir no ir, no la imposibilidad de hacerlo. Sí, no va a poder ir a clases de la misma manera en la que no se puede ir porque cumple un año más la Independencia de México o la Revolución Mexicana -"¡Es diferente!, esas fechas son oficiales"- Es verdad, es diferente en este sentido, pero es lo mismo en el siguiente: Faltar a clases el 16 de septiembre, implica reconocer que es más importante honrar la memoria de ciertas personas porque con su lucha se logró la independencia, a tener clases, de igual manera el 20 de noviembre (llevado al lunes de esa semana), en un ejercicio de ponderación se determinó (en ley, sí, pero es lo mismo) que es más importante recordar a quienes lucharon en la Revolución Mexicana que tener clases ese día. El día de hoy y mañana (al momento de escribir estas lineas) son utilizados para algo más importante que el tener una clase de cada materia, dos días, para recordar a los fallecidos, para que no se nos olviden los desaparecidos, para que se esclarezca el caso, todas ellas más importantes que acudir normalmente a clases.
       Es aquí donde se les invita a que falten, y no que falten todos, pues ellos decidieron que era más importante. Dos ideas al respecto, por un lado, también es el legislador el que decidió que el 16 de septiembre y el 20 de noviembre eran fechas donde era más importante recordar personas a acudir a clases, tampoco ese fue un ejercicio interno del estudiante. Por el otro lado ¿Qué impacto tiene (por que el cierre también busca un impacto) que falten 3,000 alumnos a la facultad pero que todo transcurra con normalidad? Ninguna, el mismo que cuando cientos de alumnos se toman un puente tras un día inhábil. Con el paro se intenta hacer una denuncia a las autoridades tanto por sus acciones, como por sus omisiones, y entre más fuerte sea el grito, mejor. Un grito sordo, simbólico, de ausentismo no será escuchado por nadie, era menester que toda la Facultad de Derecho cerrara sus puertas.
      Lamentablemente muchos estudiantes votaron a favor del paro por otras causas (pruebas sobran en las redes sociales) "Votaré a favor para adelantar unas tesinas" escuchaba en los pasillos el día martes "¡Vacaciones!" '¡Qué bueno, porque tenía examen el jueves!". Estos comentarios efectivamente desvirtúan la causa, pero no son todos, existen los verdaderamente convencidos en la causa, en el fin, y también en el medio puesto en marcha, no se les puede acusar de vagos a quienes arriesgan todo y sacrifican mucho por estos ideales. Es verdad que están los que sólo quieren faltar a clases, sí, pero 1. son los menos, 2. no son los que están al frente de las trincheras y que sugirieron el paro.
      Es verdad que para alguien que era estudiante con miras a ser profesor, una manera de honrarlos sería el tener clases, de la misma manera que una forma de ensalzar al día del Trabajo es laborando, empero eso no implica que sea la mejor manera, me explico y lo hago con el primero de mayo que está mayormente aceptado. El trabajar el día del trabajo (tomando en cuenta la configuración de este año en donde el día primero fue jueves) significa que las personas acudieron a sus labores tanto los días previos, el día del trabajo, y el día posterior, entonces ¿Qué tuvo de especial? ¿Qué ese día se recordó la importancia de los trabajadores? ¿No debería hacerse todos los días? Sin lugar a dudas todos los días se reconoce el papel de un trabajador (al menos por los propios trabajadores), pero el día de Trabajo, es un día en el que se busca que no sólo algunos lo reconozcan, sino que sea un día de conciencia en donde de manera general se logre, y lo más importante, que exista un diferencia en el actuar normal. Si todos los días se labora, no existe diferencia real entre el día del trabajo y los demás. Faltar a clases busca eso, romper con la rutina, que se note, tanto por los alumnos, profesores, trabajadores como por la sociedad en general que se está recordando algo, que por la trascendencia del fin es imperioso romper la rutina, de lo contrario no sería claro hasta que punto en realidad estaríamos estudiando en su honor o estudiando como cualquier otro día.
       

     Como conclusión, si usted lector estuvo o está a favor del paro ¡lo felicito!, si por el contrario estuvo o está en contra ¡lo felicito también!, pero cualquiera que sea el caso, lo invito a que no trate de imponerse sobre los demás o menospreciar a quien no piensa como usted.

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