Hay una gran diferencia entre encontrar la sustancia de algo, o encontrar su elemento adjetivizante. En el primero, se busca englobar todos los momentos adjetivizantes del objeto, en este caso la Justicia; se busca, en otras palabras, descifrar los parámetros en los que universalmente podremos llamarle a algo justo o injusto.
Por otro lado, se encuentra la tarea, mucho más humilde y menos ambiciosa, de señalar cuando algo es justo, en su calidad de adjetivo, en un momento y situación determinados, concediendo que su análisis puede resultar contrario a lo que se entienda por justo en otro momento y situación concretas. Ya lo señalaba San Agustín en su civitas Dei, lo que fue justo ayer hoy nos parece injusto de la misma forma que lo que hoy nos parece justo, en el futuro será injusto.
Si admitimos que el tema relativo a la justicia es un asunto casuístico en el que las resoluciones finales pueden contraponerse, pues resulta únicamente ser un trabajo de adjetivación, se perdería todo el interés por parte de la "ciencia" por que se caería en un relativismo sin salida. El problema de sólo analizar el elemento "justicia" como adjetivo es que pierde toda cientificidad la tarea ya que, como regla de oro aristotélica, "no hay regla de lo particular, sólo de lo general".
Pero la casuística no es necesariamente ajena al saber racional, puede valerse de ella para que al recopilar una gran cantidad de casos sobre lo que es justo, se realice un ejercicio inductivo y se logre determinar qué es la Justicia. El problema estriba, en los ya citados casos en donde parece no haber unidad de criterios para señalar lo justo o injusto de un caso, es por ello que existen autores que prefieren ahorrarse la imposible tarea de conciliar elementos particulares para encontrar una regla general y optan por partir de dicha regla general y con ella tildan de justas o injustas las situaciones particulares.
Pero no todo es tan simple como parece, de la misma manera que ocurre con el binomio Justicia-lo justo, los autores han encontrado las mismas soluciones a las duplas Bueno-lo bueno y Malo-lo malo. El británico George Edward Moore encontró un problema recurrente en todas las teorías morales anteriores y coetáneas a él que buscaban partir del sustantivo para aplicarlo como adjetivo: Todas las teorías que buscan dotar de contenido sustantivos tan volátiles como Bueno y Malo (pero también aplicable para Justicia) caen en el error de equiparar dichos sustantivos con otros más asequibles, cualificables o cuantificables.
De esta manera, Justicia para un, verbigracia, utilitarista se equipara con Utilidad, mientras que Justicia para un iuspositivista ideológico con lo que señala la ley y así cualquier intento teórico de señalar qué es Justicia terminará equiparando el sustantivo con algún otro más simple de determinar.
En conclusión, no importa que camino se tome, ninguno será el correcto. Si se opta por el sencillo de calificar caso por caso lo justo, estaremos trabajando afuera del conocimiento científico. Si se prefiere encontrar inductivamente el significado de Justicia a partir de casos donde se señale lo justo del mismo, se corre el riesgo de llegar a un resultado contradictorio (sin tomar en cuenta el problema de la inducción). Finalmente si se quiere encontrar el significado de Justicia partiendo ex nihil seguramente se tomará el contenido de otro sustantivo más fácil de evaluar y se le acuñará al de Justicia.
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Referencias
Moore, George Edward, Principia
Ethica, reimpresión, Editorial Cambridge, Reino Unido, 1922.
Hipona, Agustín de, La Ciudad de
Dios, décimo novena edición, Editorial Porrúa, México, 2008, colección Sepan cuantos.