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jueves, 21 de agosto de 2014

¿Qué es la Justicia?

    San Agustín, cuando intenta explicar lo que es el tiempo, señala que cuando nadie se lo pregunta, lo sabe, pero cuando alguien le formula la interrogante, no lo sabe, queriendo decir que tiene dentro de sí la intuición de tiempo, y como intuición, no es capaz de explicarla por medio de la razón. De la misma manera, la justicia tiene un serio problema a la hora de intentar definirla aun cuando todos tenemos una idea de lo que es justicia.

    Con la entrada de la modernidad y del auge del racionalismo se descartó la posibilidad de conocimiento asequible fuera de la razón. Gnoseológicamente era (y es todavía) repudiado hablar de sentimientos, emociones e intuiciones para explicar fenómenos donde el ser humano interviene. Se prefiere hablar de procesos biológicos o cualquier otro subterfugio para tratar de explicar lo inexplicable racionalmente, dejando así poca credibilidad en ello. Mientras que a principios del siglo V, época en la que el de Hipona escribe, hablar de intuición no es un problema pues resuelve el conflicto conceptual y deja satisfechos a los que lo escuchan, dieciséis siglos más adelante ocurre todo lo contrario. Hablar de intuición pareciera ser semejante a defender un relativismo axiológico, lo que conduce a reducir los valores a lo que cada quien quiera. ¿Qué pasó? ¿Qué se perdió en el tiempo? ¿Por qué nada que no sea estrictamente racional nos es incómodo?

    Nietzsche, si bien no intentando resolver esto sino como una crítica a la modernidad, retoma la forma de vida griega y encuentra que el hombre tiene dos componentes, uno apolíneo (racional) y uno dionisíaco (emocional, impulsivo). Mientras que antaño se estudiaba al hombre desde sus dos parámetros, hogaño se ha reducido únicamente a lo racional. Se ha olvidado, en realidad no se quiere ver, que el hombre es un ser emocional y que incluso las cuestiones más próximas a lo racional dependen de lo dionisíaco, entre ellas la explicación o definición de ciertos conceptos.

    No se trata de obligarnos a definir absolutamente todo. Es muy simple definir conceptos cuyos objetos son tangibles, materiales, pero cuando el concepto es sobre un objeto inmaterial, la tarea no sólo no es sencilla, sino que en ocasiones es imposible. Cuando se formula la interrogante por la justicia sin lugar a dudas se parte de un objetivismo axiológico, caso contrario no se formularía la pregunta al tratarse de una cuestión subjetiva. Empero, ante la falta de acuerdo entre los estudiosos del tema, se busca atenuar el problema al modificar la pregunta, así en lugar de preguntar ¿qué es la justicia? se cuestiona ¿qué es la justicia para cierto individuo?, sin darse cuenta que eso es caer en el citado relativismo axiológico, pues se admite tácitamente que cada individuo tendrá un concepto distinto de justicia y por ello las definiciones de cada quien son tan variadas, cayendo entonces en una contradicción epistemológica.

    En este sentido concluyo afirmando, a la manera agustiniana, que si no me preguntan qué es la justicia, lo sé, pero si me lo preguntan, entonces no lo sabré.

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Referencias
        San Agustín, Las Confesiones, Editorial Maucci, España, 1962, libro undécimo, capítulo XIV, p. 334.
     Vicente Serrano (Ed.), El pensamiento trágico de los griegos. Escrítos Póstumos 1870-1871, Editorial Biblioteca Nueva, 2004, España, colección Biblioteca Nietzsche, in toto.